viernes, 2 de noviembre de 2012

LA MUERTE

Al final ni sobre métodos anticonceptivos ni sobre mujeres en las Cruzadas, en esta entrada voy a hablar sobre la muerte (coincidiendo con el día de Todos los Santos o Halloween o como queráis llamarlo). Como siempre hablo de la Antigüedad, pues hoy voy a hablar sobre la Edad Media y siglos posteriores; y los ritos funerarios de griegos, romanos y egipcios pues los dejamos para otra ocasión.

En primer lugar hay que hacer diferencia entre Centroeuropa y las zonas del Mediterráneo  y entre nobles y el pueblo llano. Lo que parece común es el color del luto ya que predomina el negro aunque a veces también se usaba el rojo (muy poco llamativo, este color se usó en la corte francesa durante un tiempo. Discretos ellos). En cuanto al duelo en sí, a veces era más importante la etiqueta que el propio luto; me explico: en algunas cortes europeas y sobre todo la francesa (ejemmm, no digo nada que luego dicen,) durante el siglo XVII había manuales que te explicaban como tenías que vestir, el tiempo que tenías para arreglarte y los adornos que te podías poner y los que no pegaban ni con pegamento, vamos, muy natural todo ello y apropiado para tiempos de pesar y tristeza (aquí se tendría que aplicar el dicho de antes muertos que sencillos porque de negro si que iban pero con sus complementos, y todo a juego. Me recuerda cuando ahora en las revistas aparecen los que asisten al funeral de algún famoso todos vestidos igualitos  y todos con  unas estupendas gafas de sol). Evidentemente esto se aplicaba a la nobleza porque al pueblo le daba más igual, aunque el color negro se extendió a todas las clases y estamentos. Lo que si que pedían a todos era contención, muchísima contención, ya que supuestamente el muerto pasaba a mejor vida y había que mostrar alegría y no tristeza (ésto lo decía la Iglesia). Claro las clases más populares, pues como que pasaban un poco más del tema y sí querían gritar pues gritaban y si querían tirarse encima del ataúd y agarrarse a él, pues también lo hacían (sobre todo en los países mediterráneos que siempre no sé por qué hemos sido como más desgarradores en nuestro comportamiento, más excesivos, lo cual por otro lado puede ser incluso más sano. Por favor si algún centroeuropeo o de Europa del Este me está leyendo que opine).

Tampoco era lo mismo si se moría un hombre o si se moría una mujer. En caso de ser el elemento masculino el superviviente pues no pasaba gran cosa, pero... ¡qué distinto con la viuda!, a las mujeres se las culpabilizaba de la muerte del marido, y aunque no dudo que alguna que otra se cepillaría al consorte, fuera por el motivo que fuera, no creo que todas ellas quisiesen eso en realidad, o lo llevasen a término. Afortunadamente ahora hay más libertad (este es el momento en el que espero que alguien en los comentarios me lleve la contraria y me ponga un ejemplo de un pueblo de España en el que hasta hace poco se lapidaba a las viudas y  a mí no me quedará más remedio que repetir aquello de que poco hemos avanzado). Hay un epitafio que una periodista llamada Nieves Concostrina encontró en un cementerio de Valencia y que no tiene desperdicio: Román, aquí yaces y haces bien, tu descansas, yo también.  No me imagino  a una viuda del siglo XVII escribiendo esto en la tumba del difunto porque con eso de culpabilizar es cuando llegamos a los comportamientos excesivos de los que hablo, produciéndose situaciones de verdadera locura, vamos para encerrarlos en un manicomio. Por ejemplo, en algunos lugares de Italia, durante la Edad Media  y en adelante, a la viuda se le prohibía salir de casa, bañarse y quitarse la ropa del entierro hasta que ésta se le cayera por la propia mugre, cuando esto pasaba, el luto había terminado (a ver quién era el valiente que se acercaba a ella, desde luego no creo que estas mujeres "pecar" pecaran mucho, pero siempre ha habido desesperados en este mundo). En otros casos aún era más extremos y además de todo esto, el día del funeral todos los que llegaban a la casa tenían que arrancarle mechones de pelo a la mujer, que tiraban encima del muerto,  y arañarle la cara, así al final del día además de haber perdido a su marido, perdía su pelo y su dignidad.

Ahora bien, si pensamos que sólo las clases más sencillas eran excesivas, pues nos equivocamos, en España sin ir más lejos , tenemos a nuestra Juana la Loca o como se llamaba en realidad Juana I de Castilla, hija de los Reyes Católicos y casada con Felipe el Hermoso (que en mi opinión no era tan hermoso, era bastante feo el hombre) . Cuentan las fuentes que cuando se murió el susodicho hermoso, se dedicó a llorarle durante 47 años y no tuvo reparos en abrir la tumba en dos ocasiones y, según las malas lenguas que en mi opinión son las más divertidas, le arrancaba los ropajes y le besaba las manos y los pies (hay otra versión de los hechos que dice que la pobre mujer lo que hacía era mirar muy quieta y llorar en silencio, pero yo casi que me quedo con la versión más morbosa y la que dan las lenguas pérfidas ).Tampoco se lavaba (qué manía con no lavarse, a mí esto me huele a escusa para no pisar la bañera, es sospechoso que tanta gente hiciera lo mismo, me gustaría saber la aceptación que en la actualidad tendría si se pusiera de moda) y comía en el suelo sin platos ni cubiertos. Os dejo un cuadro que representa a Felipe el Hermoso. La verdad es que no entiendo a la pobre mujer porque además no parece que le hiciera mucho caso, pero en fin, el amor es ciego. Cómo habréis imaginado, el cuadro de arriba representa a Juana, a mí la verdad me parece mucho más mona ella.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Unos siglos más tarde la Reina Victoria de Ingaterra (1819-1901) durmió abrazada a la camisa de su difunto esposo (que por supuesto tampoco se lavaba, la camisa digo, el muerto poco se iba a asear) hasta que de ésta ya no quedaba un hilo y 30 años después de la muerte del cónyuge, un ministro inglés se quejaba de que un criado entrase en la estancia donde estaba despachando con la reina, para traer agua para el té del príncipe Alberto que llevaba criando malvas (criar malvas o lo que es lo mismo morirse. En el español más profundo y del pueblo llano al que yo pertenezco) una larga temporada. Veis, los ingleses también tienen lo suyo, no vamos a ser sólo los mediterráneos.
 
Para terminar, decir que también se implicaba a los animales en todos este tema del luto. A veces se ponían crespones negros a los caballos y mulas  y se pintaba el gallinero de negro. Hasta aquí bien, pero es qué a las abejas se las metía en el meollo especialmente.  Se tiene documentado que tanto en Francia como en Centroeuropa y en algunas zonas del País Vasco y Navarra, cuando se moría el dueño, el vecino de la familia tenía que ir a la colmena, golpearla tres veces y comunicar a estos bichos tan  interesantes que el amo se había muerto. Existía la creencia que si ésto no se hacía, pues las abejas también pasaban a mejor vida. Y no os creáis que es algo de los medievales, en España se tiene documentada esta curiosa costumbre hasta los años 70 de nuestro reciente siglo XX. 

Bueno, como veréis la muerte da para mucho así que retomaremos este tema en un futuro. Recomiendo un libro escrito por Alfonso M. di Nola llamado la Muerte Derrotada. Antropología de la muerte y el duelo. El libro es un poco petardo, pero tiene cosas interesantes.  La semana que viene más pero no de lo mismo.


 

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Um, el tema de Juana "la Loca" no lo tengo yo tan claro... Si te meten en un convento durante décadas... acabas cazando moscas sí o sí. La mala suerte no la tuvo con "El Hermoso", la tuvo con su padre y su hijo.

patricia LOPEZ RODRIGUEZ dijo...

Bueno según cuentan, antes de ser encerrada ya había mostrado algunos comportamientos excesivos, parece ser que una de las veces que el Heromoso desapareció una temporada, ella forró sus aposentos de negro y se vistió de luto. Cuando murió Felipe acompañó durante 8 meses el féretro de su esposo por tierras castellanas hasta llegar a Granada (y aquí aún no estaba encerrada). Los rumores de su locura ya se extendieron en este momento. Juana tuvo mala suerte con su marido al que lo que más le intersaba era ser rey de Castilla, con su padre al que lo que más le interesaba era ser rey de Castilla y Aragón y por supuesto con su hijo Carlos V al que le venía de perlas tener a su madre encerrada. Juana tuvo la mala suerte de nacer en una época en la que ser mujer no era muy fácil y si no eras de armas tomar (como Isabel la Católica) terminabas siendo devorada por los lobos y más si eras reina. Evidentemente estar encerrada tanto tiempo no ayudó precisamente. Fue una marioneta en manos de su padre, su marido y su hijo.

patricia LOPEZ RODRIGUEZ dijo...

Upps, que desastre soy, si es que no lo consiguo. ya está. A VER si ahora está bien. Gracias Rosana y perdón a los demás

Anónimo dijo...

Me encanta Nieves Concostrina, la sigo regularmente en "No es un día cualquiera" de Pepa Fernández, los fines de semana en RNE1, me ayuda a reírme un poco de la muerte que, queramos o no, inconscientemente, determina nuestra actitud hacia la vida.
Me parece oportuno hacer también una división más en cuestión de Edad Media: Europa Central, Europa Meridional y Europa del Este. Dentro del tema de la muerte y su celebración, los de Europa del Este, en particular los eslavos, siempre han tendido y tienden a una especie masoquista de "celebración": cantar canciones que tienen melodías angelicales, bonitas e inspiradoras, siempre y cuando no te enteras del texto que es cuando te preguntas: "¿por qué?". ¿Por qué unen de esta manera la belleza con el sufrimiento? Y, por supuesto, la muerte de algún ser cercano o familiar es siempre una excusa para emborracharse de una manera brutal para, como muchas veces he oído, "olvidar" (¿el dolor de la pérdida?, ¿al muerto?, ¿a la vida?, ¿lo duro que es vivir?, ¿el miedo a la muerte?...)
Lo que a las mujeres se refiere, las viudas del Este europeo siempre has sido condenadas a vestir de negro, hasta la muerte, y abstenerse de todo tipo de placeres. Y siempre han sido juzgadas duramente si, ¡sálvame, Diós!, se casan por segunda vez. Y en el caso particular de que se les muera el segundo hombre, ya les salía nombre de brujas y "matahombres" y no había quien se les acercara. Desde luego, durante el último siglo las mujeres del Este europeo han ido cambiando y liberándose de las restricciones que suponía la viudedad, sobre todo porque el destino de la mujer cada vez más se ha ido desvinculando del destino de su marido.
Yo siempre acordaré a mi abuela que era de pueblo, vestida de negro (perdió a su marido cuando tenía unos 50 años), su pelo largo, blanco, trenzado y escondido debajo del pañuelo negro (desteñido por el sol), murió con 86 años; sus ojos azules que se oscurecían cuando contaba el pasado y lamentaba todas las oportunidades que sus padres no le concedieron (para dárselos a su hermano) y cuando se acordaba de la muerte de su marido y de la mala suerte que tuvo ella al no morirse antes que él...(y me refiero a los mediados del s. XX). En las ciudades era y es algo diferente el tema.
Aquí os envío un link a una imagen que he encontrado en internet, para ponerle cara a una abuela como la mía, parecida y no muy diferente de la que yo recuerdo:
http://photo-forum.net/index.php?APP_ACTION=GALLERY_IMAGE&IMAGE_ID=1119434

patricia LOPEZ RODRIGUEZ dijo...

Mi abuela también estuvo vestida de negro hasta su muerte. Parece ser que el llevar luto de por vida ha sido muy común en muchas zonas. Lo que no me queda tan claro es si estaba bien visto que se volvieran a casar o no; si alguien lo sabe que lo aclare. Muy intersante tu relato. Gracias

Anónimo dijo...

No, no estaba bien visto; ya sabes, las mujeres se tenían que dedicar a lamentar la muerte de su marido de por vida. Si llegaban a casarse por segunda vez, tenían que haber pasado unos cuantos años desde la muerte del marido para que sociedad se "conformara" con el segundo casamiento, como que se daba por entendido que la mujer ya había superado el luto y la "condena"...

patricia LOPEZ RODRIGUEZ dijo...

La vida de las mujeres no ha sido fácil, el caso de los hombres era muy distinto. Ellos se podían casar sin problemas. Lo que no se es el tiempo mínimo aceptable para una mujer.
Me estoy acordando de una película que vi hace unos años sobre unas viudas en la India Agua de Deepa Mehta. Os la recomiendo. Es dura pero muy buena; y también se me viene a la mente la Casa de Bernarda Alba (aquí si es en España).
Gracias por tu aclaración