viernes, 23 de noviembre de 2012

MUJERES CRUZADAS Y DESCRUZADAS

Lo primero de todo es recordaros que ya hablé de las Cruzadas, hace unas dos semanas, explicando la razón de las mismas, por lo que como hoy vamos a hablar de las mujeres en las Cruzadas, os recomiendo que os leáis mi entrada "Nos vamos de Cruzadas" y así os vais poniendo al día. Dicho esto, empecemos con el tema en cuestión que tiene mucha miga.
 
"Trato infame y abominable con el turco" dicho por Alberto de Aix (también conocido como Alberto de Aquisgrán). Este señor fue un cronista de las Cruzadas que escribió en la primera mitad del siglo XII y que nunca en su vida pisó Oriente Próximo, pero que dijo que lo sabía de muy buena tinta ya que se lo habían contando algunos caballeros y en mi opinión, no tanto, que volvieron de Tierra Santa, y por lo que parece más de uno le dijo que las mujeres se "entregaban amigablemente " a los turcos; no sabemos si este comentario lo hacían preocupados por la virtud de las damas o porque éstas prefierieron pasar mejores ratos con los turcos que con ellos. Y no es el único al que parece preocuparle la vida íntima de las mujeres, un sacerdote escribía así una carta a una feligresa que también quería coserse la cruz: "el diablo escucha con sumo placer la prédica de una cruzada, porque en la peregrinación de la cruz una multitud de nobles damas se convierten en cortesanas, y millares de doncellas perderán su inocencia". Y dale con la misma historia. Pero vamos a ver, que el viaje era muy largo, frío y peligroso...que  no te preocupes y agárrate a mí si tienes miedo (le dijo ella a él), que hay que ver que frío hace por estas tierras, casi que mejor compartimos manta y nos damos calorcito, y así un largo etcétera y luego claro, una cosa pues como que  lleva a la otra. Desconocemos si la feligresa se quedó en casa finalmente o marchó a las Cruzadas ante tan jugosa perspectiva.
 
De todas forma, sacaría algo positivo de estos comentarios y es ni más ni menos la confirmación de que a las Cruzadas fueron mujeres, y muchísimas. Ana Comnena así nos lo describió (mirar mi entrada Nos Vamos de Cruzadas) y no sólo ella, los cronistas nos hablan de que los caballeros y campesinos que tomaban la cruz lo hacían acompañados de sus mujeres (luego más adelante hablaré de las que se quedaban), y en la mayoría de los casos alababan la valentía y el saber estar de las mismas (no todo se iba a centrar en la virtud o falta de ella)
 
Detalle de la ilustración de la boda de Leonor con  Luis VII
Leonor de Aquitania, Beatriz de Anjou (mujer de Carlos de Anjou),  Florina (hija del duque Eudes I de Borgoña)  que decidió acompañar a su prometido Suenon (hijo del Rey de Dinamarca) porque a ambos les hacía una ilusión tremenda casarse en Jerusalén (pues como hoy, que los  japoneses  se vienen a España a casarse en Sevilla o Toledo porque también les hace mucha ilusión), lo que pasa es que el final de esta pareja fue un poco dramático ya que ambos murieron en el desfiladero de Capadocia bajo las flechas turcas (en España no se dispara con flecha a los japoneses, en todo caso algún que otro amigo de lo ajeno les roba la cartera); la princesa Ida, Margravina de Austria, que tuvo también la misma suerte que los enamorados y que por lo que parece murió bajo su caballo también en el ardor de la batalla (aunque hay una leyenda que dice que en realidad acabó cautiva de los sarracenos y que terminó sus días en un Harem del sultán de Mosul ); Elvira de Aragón (mujer de Raimundo de Saint -Gilles) o Margarita de Provenza (mujer de San Luis), aunque en este último caso los historiadores mal pensados nos cuentan que en realidad tan noble señora acompañó a su esposo de peregrinación por no quedarse con su suegra, la reina Blanca, que hemos de suponer que sería de armas tomar, por lo que hemos también de decir que las historias suegras vs nueras es algo que ha existido siempre y siempre existirá.
 
Pero ¿y cómo nos imaginamos a estas nobles damas? ¿nos pensamos que estas féminas se quedaban chillando en sus caballos esperando a que terminara la contienda? pues por lo que parece y según nos cuentan los cronistas... no, un rotundo no. De hecho nos informan que las mujeres ayudaban y peleaban junto con los hombres; algunas eran muy buenas con la ballesta y las crónicas tanto de un bando como de otro, nos informan de la existencia de una guerrera conocida como la mujer del manto verde, a la que le tenían muchas ganas y no pararon hasta que acabaron con ella. 
 
Peregrinaron a Tierra Santa mujeres de toda condición: nobles, campesinas, prostitutas , por lo que si seguís teniendo en mente la imagen de grandes ejércitos masculinos marchando a Oriente mientras una ristra de mujeres, atrás, llorando desconsoladas en los caminos, pues os habéis equivocado. Aún así, hubo mujeres que no se fueron con sus maridos, de hecho de éstas también nos hablan los trovadores y juglares, como también nos cuentan que las mismas  si que lloraban cuando veían a sus consortes marchar. Ahora bien, cabría preguntarse ¿lloraban por pena, o por pura alegría? porque yo me puedo imaginar a más de una convenciendo a su esposo para que tomaran la cruz y poniendo velas a algún santo para retrasar la vuelta de sus maridos o incluso pidiendo cosas un poquitín peores (en España se estila poner velas a los santos cuando quieres algo de las alturas. De hecho hay santos muy especializados que no aceptan velas sino otro tipo de objetos u alimento. Mi madre durante mucho tiempo tuvo un San Pancracio, que es el patrón del trabajo, en la cocina y siempre con una ramita de perejil. Habrá que averiguar si a este buen señor le gustaba mucho semejante hierba y si era perejil y no tomillo ya que yo aún sigo parada).

Nos consta que fueron muchas las nobles que se quedaron. Casi la totalidad  de ellas alegaron embarazos y que tenían que cuidar de los hijos pequeños para no acompañar a sus maridos (muchas otras se fueron con los infantes y encinta y parieron por el camino ), y es que nos podemos imaginar a la buenas mujeres con muy pocas ganas de meterse en tamaña aventura y sobretodo y lo más importante, es que en el caso de las aristócratas, era en estos períodos cuando más poder adquirían ya que eran ellas las encargadas de la administración del castillo y de las tierras, a falta del señor de las mismas. Era en estos momentos cuando se podía hablar de verdaderas señoras feudales haciéndose cargo absolutamente de todo. Qué queréis que os diga, yo también me hubiese quedado.
 
Os recomiendo un libro de Régine Pernoud "La mujer en tiempos de las Cruzadas" y un blog del que soy seguidora llamado Mujeres en la Historia y en el que podréis encontrar información sobre Leonor de Aquitania y muchas más. www.mujeresenlahistoria.blogspot.com.es


Y haceos miembros de mi blog por favor, que sé que sois ya bastantes los que me seguís y tengo tan sólo 16 seguidores lo que queda así como muy triste y vacío. Y no sabéis la envidia que me da cuando veo otros blogs rebosantes de miembros y seguidores. He dicho.
 
 
 
 
 
 
 

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Me quedo con esa parte del texto que habla de las mujeres que se quedan libres, dueñas de sus vidas, cuando los hombres se han marchado de guerra y de cruzadas. Pero también habrá historias de amores verdaderos, ¿no? (no, no veo culebrones latinoamericanos, pregunto con el afán de preservar la ilusión que tengo todavía por las historias románticas... :) ) Esas historias que leía el Quijote o el Viejo (que leía historias de amor).

Anónimo dijo...

Ah, por cierto, aquí viene el libro del Viejo que leía novelas de amor. ¡Qué lo disfrutéis!

http://www.realidadyficcion.eu/Lengua_literatura/segundo/10-11/Literatura/luis-sepulveda-el-viejo-que-leia-novelas-de-amor.pdf

Anónimo dijo...

Y, por cierto, hay que mencionar también La Cruzada de las mujeres. Es un tema que, creo, va a conmover a cualquier alma:


http://www.letraslibres.com/revista/convivio/la-cruzada-de-las-mujeres?page=0,0

patricia LOPEZ RODRIGUEZ dijo...

Bueno, me supongo que mucha mujeres que se quedaron lo hicieron porque no les quedaba mas remedio y realmente echaban de menos a sus esposos. Hay una carta escrita por el conde Étienne a su mujer Adèle que fue nieta de Guillermo el Conquistador. la misiva rezuma amor por todos lo poros y una consideración de igual a igual del conde hacia su esposa. Parece ser ,además, que ella se quedó realmente con ganas de ir. Bueno existten historias de amor. Algún día escribiré una entrada sobre etse tema

Anónimo dijo...

Genial, como siempre. Yo me haría miembra, nena, pero eso de tener que usar cuenta de gmail, es putada porque no tengo y paso de cambiar de correo. No habría otra manera?

patricia LOPEZ RODRIGUEZ dijo...

pues no se como se hace uno miembro sin ser de gamil. Lo investigo.

Anónimo dijo...

La carta del Conde Ètinne a su muher puede ser un tema muy interesante.., y entretenido para leer. Por cierto, me encanta el cuadro de Flavio.

Katherine Valet dijo...

pues a mi me emocinoa mucho el saber que existieron y existen mujeres valerosas guerreras que luchan encarnecidamente por sus ideales o por defender lo que tienen, como por ejemplo las mujeres soldados de rusia que se envarcaron en avionetas y convatieron a los alemanes opresores.